Las enfermedades reumáticas no tienen estaciones, son crónicas. Pero cuando llega el otoño y comienzan a producirse cambios bruscos de temperatura los pacientes con afecciones reumáticas empiezan a sentir dolores en distintas partes del esqueleto y especialmente en las articulaciones. “Esto es verdad, a la gente le duelen los huesos. Pero no hay ningún estudio que determine con rigor científico la causa del dolor óseo. Lo que sí está comprobado es que el frío, como las malas posturas, favorecen las contracturas y la rigidez en las partes blandas”, explicó la reumatóloga doctora Olga Leal. Por esta razón aconsejó que cada persona, dentro de las posibilidades y edad, debe realizar algún tipo de actividad física o caminar diariamente para hacer trabajar las articulaciones y evitar el entumecimiento.
Las personas que sufren alguna enfermedad reumática -jóvenes, adultos o mayores- tienen que estar pendientes de los cambios de temperatura propios del otoño y evitar los lugares muy húmedos y fríos. Además, es necesario que se mantengan bien alimentados y que concurran periódicamente a su médico reumatólogo para que los controle, les indique el tratamiento adecuado y, si lo considera necesario, la toma de vitamina B.